Una mujer… una palabra

¿Cuál ha sido la palabra más profunda, fuerte, determinante y firme dicha por una mujer sobre la tierra?

¿Qué afirmación asombró a los ángeles, estremeció la creación entera e hizo salir de manos del Creador su Obra mayor?

¿Qué dijo y quién fue aquella doncella que en breve diálogo vivió y llevó a su culmen el arcano misterio de la relación entre gracia y libertad?

¿Quién fue la que pudo unir la delicada ternura de una hija de Eva, con una fortaleza inimaginable hasta para el más fuerte de los hijos de Adán?

¿Quién logró soldar la quebrada unión entre el Cielo y la tierra, sellando con una sola palabra el matrimonio entre la naturaleza humana y la divina?

¿Quién, con humilde voz, desbarató y destruyó el imperio de aquel, que con soberbio grito osó decir: ¡Non serviam[1]!?

La mujer que todo esto hizo fue María y la palabra fue su Fiat[2].

AnunciaciónEn el principio, un Fiat divino dio paso a la creación. El Fiat de María llevó esa creación a su plenitud, dándole el sentido que había perdido después del pecado. Como canta el Pregón Pascual: “de que nos serviría haber nacido, si no hubiéramos sido redimidos”.

Fue una sola palabra, la única capaz de hacer que la Palabra se encarnara.

Fue dicha en el tiempo, pero el tiempo fue creado para escucharla, y una vez dicha, el tiempo ya no es solo tiempo: es tiempo favorable, propicio, tiempo de gracia[3] y eternidad.

Un ángel, una mujer, una palabra y una obra, hicieron la ruina de la humanidad: Satanás, Eva, un diálogo y la prevaricación. Y otro ángel, otra Mujer, otra Palabra y otra Obra nos trajeron la salvación: Gabriel, María, su Fiat y la Encarnación.

Su Fiat pesa lo que la inmensidad, abarca lo que la infinitud y dura lo que la eternidad. Porque sólo él pudo darnos la infinidad de la dicha, unirnos con el Infinito y por toda la eternidad.

Decir ese Fiat parecería cosa sencilla, pero lejos estamos de esa aparente facilidad, si pensamos todo lo que implicó en la vida de María.

Sí, dijo Fiat ante el Ángel, pero si pudo decirlo, fue porque vivió siendo Esclava del Señor, y esto, desde el instante mismo de su Inmaculada Concepción.

Repitió ese Fiat momento a momento, en toda su vida; y si peguntó al Ángel antes de responder, fue sólo para saber cómo podía ser madre sin desdecirse de otro Fiat que le había dado al Señor: el de no conocer varón.

Dijo Fiat, siempre Fiat…

Fiat ante Simeón y esa fue su primera espada de dolor; Fiat al pedido de José, por el cual inmediatamente, pobres como de luz la oscura noche que los cubría, partieron hacia Egipto.

Desconcertado Fiat ante el Niño perdido en el templo, y bien consciente ante la dolorosa partida a su vida pública. En soledad repetiría… ¡Fiat! ¡Fiat!

Empujó hasta a su propio Hijo a decir Fiat aquella vez, cuando en Caná, con una dolorosa y maternal mirada le suplicó hacer el milagro que adelantaba su muerte.

Dijo Fiat cuando a ojos humanos parecía que su Hijo no la quería: ¿quiénes son mi madre y mis hermanos?; y lo dijo también, cuando creían que como madre no la reconocía: feliz el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron; más felices serán…

Pero hubo sobre todo un lugar, un momento, una situación y un acontecimiento que probaron en el crisol del más ardiente fuego la sinceridad de su Fiat.

Es imposible atinar a describir la inconmovible fortaleza de aquella pequeña mujer, sufriendo el tormento más atroz que haya oprimido corazón de madre alguna. María al pie de la Cruz es la más acabada y reparadora respuesta de la creatura al Creador y la expresión más sublime de la fidelidad a la palabra dada.

Sólo lo dijo Ella, pero en nombre de todos… Madre nuestra ¡concédenos algo de tu fortaleza!

 

Los dejo con una hermosa poesía de Juan Luis Gallardo, donde relata el primer Misterio de gozo del Santo Rosario; para leer los demás (Aquí).

Sería de mañana, tal vez por mediodía
o hacia el fin de la tarde; no sé cuando sería.

No sé cuando sería, pero no es desatino
suponer un crepúsculo igual al que imagino.

Imagino el ocaso, los olivos, la viña,
el pueblo donde viven el Varón y la Niña.

El Varón y la Niña que ya se han desposado,
pero es niña la Niña y el Varón es honrado.

El Varón es honrado, de varones ejemplo,
y respeta los votos de la Niña en el templo.

En el templo la Niña se le ha ofrecido a Dios
y quizás ese voto lo hayan hecho los dos.

Lo hayan hecho los dos, que se quieren de eras;
Ella cuida la casa, él labra las maderas.

El labra las maderas, Ella reza y trabaja,
cuando un ángel del cielo desde el cielo se baja.

Desde el cielo se baja trayendo una propuesta
que responde la Niña con turbada respuesta.

Con turbada respuesta dicha en tono profundo
y el Verbo se hizo carne y habitó en este mundo.

 

[1] Oh tú, que rompiste desde siempre el yugo y, sacudiendo las coyundas, decías: «¡No serviré!». (Jer 2,20) Palabras que la Iglesia aplica a Satanás.

[2] María respondió al Ángel Gabriel: hágase (fíat) en mí según tu palabra. (Lc 1,37)

[3] Cf 1Cor 6,2

6 comentarios:

  1. Padre Gustavo,hermosa reflexión, para meditarla
    más de una vez.
    Gracias
    Mirta

  2. Hermoso!! Para aprender de nuestra Madre a decir siempre si a Dios

  3. claudia dalbuquerque

    Hermosa reflexion!!! como dice la cancion, quiero DECIR QUE SI COMO VOS MARIA!!!!

  4. RAMON ANTONIO TRASVIÑA CASTRO

    Padre Gustavo, en verdad es inagotable la fuente que te inspira escribir este “Fiat” de la Jovencita de Nazaret Madre de Jesús y Madre nuestra. . .
    Dios nos siga bendiciendo con sus aportaciones para alimentar el alma!!!
    Dios nos ama!!

  5. Ana Maria Estrella Arce.

    Dios, Padre, Todopoderoso y su Santísima Madre Maria, que es también nuestra madre protectora, le sigan iluminando al escribir, todo esto tan hermoso que nos llega al corazón y nos alienta a decir: SI, quiero negarme a mi misma, tomar mi cruz y seguirte, a Ti mi querido Jesús.

  6. MARIANA BRAVO GARZON
    HERMOSA REFLECCION TAMBIEN YO QUIERO TOMAR MI CUZ Y SEGUIRTE JESUS MIO, PERO LE PIDO A MI MADRE MARIA QUE ME DE LA GRACIA DE LA PERSEVERENCIA

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