¡Recemos!

Estamos a poco de terminar la Cuaresma, y quería detenerme en una de las tres obras que la Iglesia, englobando muchas otras, nos sugiere en todo tiempo pero, especialmente, en este tiempo de gracia: me refiero a la oración.

OraciónNo es tan fácil hablar o escribir sobre este tema debido a que es algo tan importante, tan necesario y tan transcendental, que es tratado, comentado, escrito y predicado de manera bien abundante. Parecería que uno está hablando de algo muy trillado… ¿qué católico no sabe que es necesario e importantísimo rezar? Desde aquel velad y orad (Mt 26,41) del Señor a los apóstoles, ¡cuanto se ha escrito y dicho sobre este tema!

De todos modos, su misma importancia pide a gritos que el tema sea abordado una y mil veces, máxime teniendo en cuenta nuestra débil naturaleza que, fácilmente, busca escapar a ese trato íntimo con Dios, donde el cuerpo pasa a segundo plano y el alma se desprende en lo posible de él para volar a la unión con el Todopoderoso.

El Papa Francisco nos ha pedido en su Exhortación Apostólica que usemos las imágenes en la predicación. La que voy a usar ahora es muy sencilla y para nada original: la oración es al alma, lo que el alimento al cuerpo. ¿A alguien se le puede ocurrir que puede vivir sin alimentarse? Así de evidente tendría que ser para nosotros el hecho de que sin oración, no hay vida espiritual.

Si no comemos nada, nos morimos: si no rezamos nada, no tenemos vida de Dios en nuestra alma (o si la tenemos la estamos por perder) y, por tanto, peligra nuestra salvación… de aquí el conocido “dicho teológico” “el que reza se salva y el que no reza se condena” de San Alfonso María de Ligorio, doctor de la Iglesia.

Agreguemos algo de San Juan Crisóstomo: “Yo creo ser evidente para todos que es sencillamente imposible el vivir en la virtud sin la defensa de la oración”. (De praedicatione 1). Y hablando puntualmente de la meditación, dirá el mismo San Alfonso: “El que está en pecado no deje la meditación, porque a la corta o a la larga o se deja la meditación o se deja el pecado”.

Si comemos mal, nuestra salud no va a ser muy buena y vamos a debilitarnos; lo mismo se diga del mundo interior, según aquello del mismo San Alfonso: “No hay gente débil y gente fuerte en lo espiritual,  sino gente que no reza y gente que sí sabe rezar”.

No dedicar tiempo para alimentarnos por trabajar más, produciría que el mismo trabajo fuese pesado y difícil y, a la larga o a la corta, sería una catástrofe… así también pasa cuando se deja de rezar por las obras, aunque sean de celo:

“Porque no tener algunos ratos de ella [de oración] sería yerro muy grande, por los bienes que perdería; y porque aun para bien hacer la ocupación es menester ganar espíritu y fuerzas en la oración; que de otra manera suelen los ocupados quejarse y andar desabridos, como carro cargado y no untado con la blandura de la devoción”. (San Juan de Ávila, Audi Filia, cap. 6).

A comer nos enseñan de niños y también de grandes… y no es poco el tiempo que dedicamos, sobre todo al principio con mamá y con la nutricionista después… con la oración pasa igual: hay que aprender a rezar –y seguir aprendiendo…–, y para eso hay que dedicar tiempo y esfuerzo. Ensénanos a orar (Lc 11,1) pidieron los apóstoles a Jesús y Benedicto XVI nos decía: “Es necesario aprender a rezar, casi adquiriendo de nuevo este arte” (Catequesis 04/05/11).

Por otro lado ¿quién podría decir o pensar: “desde ahora el tiempo para comer es mío, y por tanto lo voy a ocupar para otra cosa”? Así mismo, el tiempo de oración, no es nuestro, es de Dios:

“Este poquito de tiempo que nos determinamos a darle, él nos lo agradecerá, y si se lo damos, démoselos, libre de pensamientos y desocupados de otras cosas, y con toda de terminación de no quitárselo por trabajos que nos vengan, ni por contradicciones, ni por sequedades, sino que tengamos aquel tiempo como cosa que no es nuestra”. (Santa Teresa de Jesús).

Cuando uno come con alguien, dependiendo quien sea ese “alguien”, la comida puede pasar muy a segundo plano. En la oración, a “segundo plano” tenemos que pasar nosotros…

¿Qué es la oración?  Comúnmente se considera una conversación. En una conversación hay siempre un «yo» y un «tú». En este caso un Tú con la T mayúscula. La experiencia de la oración enseña que si inicialmente el «yo» parece el elemento más importante, uno se da cuenta luego de que en realidad las cosas son de otro modo. Más importante es el Tú, porque nuestra oración parte de la iniciativa de Dios”. (Juan Pablo II)[1].

En la oración, pues, el verdadero protagonista es Dios. El protagonista es Cristo”. (Juan Pablo II)[2].

“El hombre alcanza la plenitud de la oración no cuando se expresa principalmente a sí mismo, sino cuando permite que en ella se haga más plenamente presente el propio Dios. (Juan Pablo II)[3].

Muchos hemos conocido algo de la increíble vida y obra de Juan Pablo Magno… ¿a qué se debía? Sin duda que a su unión con Dios, la cual tiene como punto principal la vida de oración.

“Me decía un íntimo colaborador suyo: «Para saber quién es Juan Pablo II hay que verlo rezar, sobre todo en la intimidad de su oratorio privado.» ¿Acaso puede entender algo de este Papa -igual que de cualquier otro Papa- quien excluya esto de sus análisis, centrándose en sofisticadas apariencias?” (Vittorio Messori)[4].

Y el mismo Juan Pablo dirá: “Intentan entenderme desde fuera; pero yo sólo puedo ser entendido desde dentro”[5].

Tengo a mi papá actualmente enfermo de cáncer y siempre ha sido de tener muy buen humor –lo cual en algunos momentos de la enfermedad fue      realmente ejemplar–. Siempre ha sido también de buen comer y no siempre mi madre ha visto esto con buenos ojos… Ahora él, para comer tranquilo, se escuda en aquel dicho: “enfermo que come, no muere”…

Todos estamos de algún modo enfermos por el pecado original… (y nuestros propios pecados) pero mientras recemos ¡no vamos a morir! ¡Nuestra unión con Dios no se va a acabar! Y tendremos que rezar hasta el último momento, cuando esa oración se transforme en visión.

Digamos con San Carlos Luanga: “Rezamos hasta la muerte”. Esta fue la respuesta que dio a la pregunta del Rey acerca de si rezaban o no; primero dijo que sí y luego dijo esto; y como rezar era sinónimo de ser cristiano, lo mataron a él y a otros veintidós[6].

Tanto hablar de comida y oración, no vayamos a hacer una asociación tal que no pensemos que puede darse una sin la otra… ya que, como le dijo el Ángel a Tobías: Buena es la oración acompañada del ayuno (Tob 12,8) más aun en este tiempo de Cuaresma.

Necesitamos que María nos enseñe a rezar, sobre todo en cuanto a la confianza que debemos tener al hacerlo, como la tuvo Ella en las bodas de Caná con aquel no tienen vino (Jn 2,3). Necesitamos que Ella nos acompañe en nuestra oración como a los apóstoles luego de la ascensión del Señor. Necesitamos también que reciba nuestras plegarias, y por eso nunca nos cansemos de decir: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

 

–––––––––

Más material sobre el tema:

– Un retiro espiritual –para rezar más…– a pedido de Catholic.net (video/audio/texto): AQUÍ.

– “El gran medio de la oración” de San Alfonso María de Ligorio. (Descargar AQUÍ)

– “Dificultades en la oración mental” de Eugene Boylan (Descargar AQUÍ)

Ver todas las lecturas recomendadas, AQUÍ.

 


[1] Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la Esperanza, PLAZA & JANES, Chile, 19942, p. 38.

[2] Ibid, p. 39.

[3] Ibid, p. 40.

[4] Vittorio Messori, Introducción; Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la Esperanza, PLAZA & JANES, Chile, 19942, p. 23.

[5] Slawomir Oder, ¿Por qué es Santo?, Ediciones B, Barcelona, septiembre 2010, p. 135.

[6] Su fiesta cae el 3 de junio: Carlos Luanga y compañeros mártires. Muchos más murieron pero sólo estos están registrados. Aproximadamente en 1880, en África.

31 comentarios:

  1. Yolanda Izaguirre

    Gracias padre por tan bella enseñanza… que Dios lo cuide..

  2. Aprender a rezar!!!! me encanto!! gracias!!

  3. gabriela ríos salgado

    “Orar sin desanimarse”, asi nos exhorta Nuestro Señor Jesús.
    Que el Señor por medio de María Santisima nos conceda esta gracia.
    Padre lo encomiendo a mis oraciones al igual que a su señor padre.
    Gracias también por el retiro espiritual que me mandó

  4. Roxana Córdova.

    De verdad que ya extrañaba una nueva entrada en el blog. Gracias Padre Gustavo por esta reflexión.
    Me encanta esa analogía que hace respecto a la comida, la comida es para el cuerpo, lo que la oración es para el alma. Y el ayuno también es indispensable para el alma.
    Dios le bendiga!

  5. mirta erika jimenez martin

    P.Gustavo:
    Grs por recordarme aquello que muchas veces considero como algo ya sabido, lo cual me permite replantearme nuevamente mi comunicación con Dios.
    Imitando a María Santísima y solicitando su gracia es posible alcanzar esa comunicación que es tan importante y necesaria en toda vida espiritual.
    mirta erika.

  6. Brisa gonzalez

    Gracias padre Gustavo por tan hermosa reflexión sobre la importancia de orar siempre y en todo momento y lugar. Que el Espíritu Santo lo siga iluminando, para que nos siga transmitiendo estos mensajes para nuestro crecimiento espiritual.
    Dios lo bendiga

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