No es más que vino

–        ¿Qué hay en el cáliz?

–        Vino.

–        ¿Sólo vino?, ¡si se le acaba de agregar agua!…

Caliz MisaEsto sucede en cada Santa Misa: el sacerdote, antes de la consagración, luego de colocar en el cáliz el vino, agrega algunas gotas de agua. Gotas de agua que ni bien se mezclan con el vino, ya no se ven, se disuelven, se pierden, se transforman, se anonadan…

Esta acción litúrgica tiene varios significados, y uno de los principales, es nuestra entrega en manos del Creador: así como esa agua deja de ser tal para ser vino, así el alma se debe entregar a Dios, para ser como Él. Mucho hay para rumiar en esta imagen/realidad y Uds. podrán hacerlo muy bien; yo solo quiero apuntar algunas cosas.

Si por un momento ese par de gotas pudiese pensar, sentir, querer… al ser arrojadas al vino, muy probablemente se desesperarían tratando de evitar dejar de ser ellas mismas… Podríamos aconsejarles (¡qué fácil es aconsejar…!) “quédense tranquilas, entréguense; serán luego de una naturaleza superior –serán vino– y luego más aún, tendrán una sobre-naturaleza, serán la Sangre del Señor”.

Y nosotros, ¿qué hacemos de nuestra vida? ¿Nos entregamos a Dios, a Su voluntad, a Su plan de salvación? O seguimos aferrados a nuestros mezquinos quereres y gustos. ¿Acaso Dios no nos ama y quiere lo mejor para nosotros? Cuántas veces olvidamos aquello de Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto (Jn 12, 24).

Aquí está encerrado, me parece, todo el secreto de la salvación y la santidad: o elijo “mi” camino, seguir “mis” ideas, consentir a “mis” gustos, buscar “mi” honor y hacer “mi” voluntad o, por el contrario, elijo Su camino, buscar Su mayor honra y gloria, hacer Su voluntad y, como decía el P. Hurtado, llegar a la “Generosidad total: Voluntaria hasta el fin. No se trata de contentarme, sino de contentar a Dios[1].

Confianza en DiosComo esas gotas, estamos muchas veces al borde de un precipicio y tenemos que elegir: o quedarnos en la tierra “firme” de nuestras mezquindades y seguridades humanas, o arrojarnos al vacío confiando sólo en que las manos paternales de Dios nos sostendrán y, más aún, nos elevarán. Suavísimas manos que se perciben con la fe, que nos muestra las cosas que no se ven (Cf. Heb 11,1).

Las gotas nos aventajan en algo, en que a ellas les basta –casi como a los ángeles– una sola decisión, un sólo “sí” y ya serán transformadas para siempre. Pero en el caso de nuestra débil voluntad, recubierta con este cuerpo de muerte (Rm 7,24), la decisión tiene que ser a diario; pero ¡qué digo a diario!, casi segundo a segundo y hasta la muerte… ¡eso es ser fieles!

“Toda fidelidad debe pasar por la prueba más exigente: la duración […]. Es fácil ser coherente por un día o algunos días. Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente en la hora de la exaltación, difícil serlo en la hora de la tribulación. Y sólo puede llamarse fidelidad una coherencia que dura a lo largo de toda la vida” Juan Pablo II – Homilía en México, 27-1-79

Las gotas sentirán a lo sumo un gran deseo de seguir siendo ellas… nosotros, aunque de fondo siempre está nuestro super y gigante “yo”, tenemos un sinnúmero de cosas que deseamos (para alimentar al “monstruo yo”).

El problema está entonces en nuestros deseos, que muchas veces entran en pugna con los deseos de Dios. Por eso decía San Juan Crisóstomo que “ataduras son el amor y cariño a las cosas de acá”[2], y san Francisco de Sales: “Quiero pocas cosas, y las que quiero, las quiero poco. Apenas tengo deseos y si volviera a nacer, quisiera no tener ninguno”[3]. Rematemos con San Agustín: “El veneno de la caridad es el deseo, y la perfección es la carencia total de deseos”[4].

¿Y qué?, preguntará alguno, ¿entonces no tenemos que desear nada? ¡Por supuesto que sí! ¡Quiénes más deseosos y hasta divinamente antojadizos que los santos! Podemos y debemos desear todo lo que no repugne con la voluntad de Dios, y por ende no desear nada que esté al margen del beneplácito divino. En esto radica el ciclópeo trabajo del ejercitante a quien San Ignacio le pide vencer todas las “afecciones desordenadas” para recién luego de esto, “buscar y hallar la voluntad divina” (EE n. 1)[5].

Sería bueno tener presente lo que nos enseña el Angélico Doctor, que en el deseo de lo creado, siempre subyace el deseo del Creador (en quien está nuestra felicidad total/completa/acabada) y que, por tanto, cuando deseamos algo, sea lo que sea, sin darnos cuenta, estamos deseando de algún modo a Dios mismo[6]. Y si ese deseo es según Dios, entonces nos liberará; de lo contrario nos esclavizará y dejará más deseos… de ahí que diga San Bernardo que los bienes de la tierra “más que extinguir el hambre, la aumentan”[7].

Difícil es esto, pero no imposible con la ayuda de la Gracia. Difícil y a su vez radical… El Señor no anda con medias tintas, nos pide aborrecernos a nosotros mismos… leámoslo con un hermoso comentario:

“Señor Jesucristo, has aceptado por nosotros correr la suerte del grano de trigo que cae en tierra y muere para producir mucho fruto (Jn 12, 24). Nos invitas a seguirte cuando dices: «El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna» (Jn 12, 25). Sin embargo, nosotros nos aferramos a nuestra vida. No queremos abandonarla, sino guardarla para nosotros mismos. Queremos poseerla, no ofrecerla. Tú te adelantas y nos muestras que sólo entregándola salvamos nuestra vida”. Card. Ratzinger, Vía Crucis, abril del 2005.

Pero aborrecernos ¿no será mucho…? (¡pobre monstruito el “yo”!) ¿Acaso no nos manda el mismo Señor amar al prójimo como a nosotros mismos? Así y todo, las palabras de Jesús son claras y con la misma claridad las han entendido los santos: “Señor, conózcame a mí y conózcate a Ti; para aborrecerme a mí y amarte a Ti” (San Agustín). Sucede que nuestro amor propio es tan desordenado, tan egoísta, tan auto-endiosador que Nuestro Señor lo ataca con todo el cargamento.

Como las gotas que si se aman, se tiran al vino… así, si lo pensamos mejor, este tipo de auto-aborrecimiento es en realidad el verdadero amor que tenemos que tenernos, porque lleva consigo el amor a Dios. De lo contrario sí estaríamos aborreciéndonos… Decía San Agustín: “Del que no ama a Dios, aunque se ame a sí mismo por la ley innata de su naturaleza, es justo decir que se aborrece a sí mismo, puesto que hace aquello que le daña”[8].

Más y mejor vamos a poder lograr esto cuanto más desaparezcamos… (como las gotitas…) San Juan de la Cruz, gran místico y doctor de la Iglesia, propone en su ascenso a la santidad un camino que él llama “Subida al Monte Carmelo”; y en este ascenso lo que nos va pidiendo es ir creciendo en las “nadas”… ir muriendo progresivamente y por amor, a todo lo que no sea Dios. Morir primero al pecado, luego al mundo, luego a todos los “mi”, “yo”, “para mí”, “conmigo”, ¡“mío”!… Y la medida de estas “muertes”, de estas “nadas”, será la medida también en la que Dios viva y actúe en nosotros.

“Pequeño” detalle es que Dios quiso mostrarnos perfectamente el camino. ¿Cómo? Haciéndose Él mismo “nada” por nosotros… ¡Misterio de Amor! Siendo de condición divina… se anonadó a sí mismo (Flp 2,6-7). Este acto de humildad abismal que fue la Encarnación, es seguido, por si nos queda alguna duda, por una segunda Kénosis (anonadamiento, en griego) que es la Cruz…

Por eso, en el más profundo fondo, “el” problema, la gran cuestión, el drama existencial, la piedra de toque, y todo lo demás que se les pueda ocurrir, está en aceptar o no aceptar la cruz de Cristo, y tras eso, amarLo o aborrecerLo a Él:

“Tengo aparentemente muchos amigos que aseguran amarme, pero en el fondo me aborrecen, porque no aman mi cruz, tengo muchos amigos de mi mesa pero muy pocos de mi cruz”[9].

Si hablamos de “desaparecida”, “anonadada”, “crucificada”, ¡¿quién como Ella?! Y justamente por eso, nadie fue tan “endiosada”; como dice el Doctor Común, “todo cuánto Dios pudo comunicarse/entregarse/darse a una creatura, “eso” es la Santísima Virgen”[10].

–––––––––

Agrego dos textos cortos, uno de San Alberto Hurtado comentando la doctrina del P. Luis Lallemant, SJ, sobre “Dar el paso” que tiene mucho de lo que venimos diciendo. El otro es del mismo P. Lallelmant hablando de la Pureza del Corazón, de cómo buscar solamente a Dios y como esa es la mayor de las felicidades aunque aparentemente sea todo lo contrario (descargar aquí).

También puede servir “Naturaleza y Educación de la humildad” (Colectio Virtus) del P. Miguel Fuentes; sobre todo, según lo que venimos comentando, la tercera parte “El olvido de sí mismo” (descargar aquí).

Para ver todas las lecturas recomendadas: aquí.



[1] San Alberto Hurtado, Un disparo a la eternidad, p. 141

[2] San Juan Crisóstomo, Explicación del Evangelio de San Juan, Homilía LXVII (LXVI), (t. 2), Tradición S.A., México, 1981, pp. 204-209.

[3] San Francisco de Sales, En las fuentes de la alegría, cap. 6.

[4] Citado en Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, Q 184, a2, c.

[5] Estoy predicando Ejercicios Espirituales hace 11 días (¡y quedan 19!) a 27 novicios, 9 sacerdotes y 1 laico… así que lo tengo bien presente; y ellos más todavía…

[6] “Ipsum summum bonum quodammodo appetitur in quolibet bono” (“En cualquier bien que se apetece, se apetece de algún modo el sumo Bien).  Santo Tomás de Aquino, Comentario a la Ética a Nicómaco, n. 11.

[7] San Bernardo, De vita cler, c. 25.

[8] Lo refiere el Santo comentando este pasaje: Por ello el que ama la maldad, odia su alma. (Sal 10,5). Citado a pie de página en la Biblia de Juan Straubinger.

[9] San Luis María Grignion de Montfort, Carta a los amigos de la Cruz,  – cap. Los dos bandos.

[10] Les debo la cita… de ahí, la traducción libre…

65 comentarios:

  1. Fascinante y lleno de mucho valor ! Me ayuda a vover al camino! Gracias P. Lombardi

  2. P. Gustavo Lombardo, IVE

    A Dios gracias, Martha! A seguir con docilidad esas mociones; como decía un autor: “que alguno haga la prueba, durante tres meses, de no rehusar absolutamente nada a Dios, y verá qué profundo cambio experimentará en su vida” cit. ROYO MARÍN, El gran desconocido

  3. gabriela ríos salgado

    Ciertamente, nos cuesta dejar aquello que no va acorde con la voluntad divina, pero también es cierto “que todo lo puedo con Cristo”, actualmente vivo un momento en el cual mi fidelidad a Dios está siendo probada, he vivido muchos momentos de debilidad en el cual impera mi “yo”, sin embargo cada día me digo: mientras no deje mi oración, mientras no deje el rezo del santo rosario mantendré la esperanza de perseverar en Cristo siempre tomada de la mano de mamá María.
    Gracias Padre Lombardo por recordarme que Jesús me amó y se entregó por mí

  4. El ejemplo del agua en el vino, de verdad nunca lo habia pensado asi,…como debemos ser dociles a la accion de nuestro Señor … !cuanto nos cuesta abandonarnos en las manos amorosas de nuestro Creador! . y todo es para bien,
    Gracias por compartir, saludos Dios lo bendiga.

  5. P. Gustavo Lombardo, IVE

    Muy cierto lo que dice, Gabriela! De fondo hay incluso un dogma de fe: “el que hace lo que está de su parte, Dios no le niega su gracia”. Santa Teresita: “Se cansará Dios de probarme antes de que yo deje de confiar en Él”.

  6. P. Gustavo Lombardo, IVE

    Tal cual! Podemos ser, en cada momento/llamada (sea cual fuere, grande o pequeña) o como el joven rico, o como los apóstoles. Y aunque sabemos -incluso por experiencia- que si hacemos la del joven rico nos iremos tristes como él, día a día tenemos que renovar el fervor para responder con generosidad. Como dice el texto del P. Lallemant: para ser felices hay que animarse a no serlo…

  7. La verdad que es difícil distinguir entre la voluntad de Dios y “mi” voluntad. Nos cuesta creer que Dios quiera lo mejor para nosotros; suponemos que nosotros pensamos mejor!!! Que él nos de la gracia de seguir su camino, el único que puede hacernos felices…

  8. P. Gustavo Lombardo, IVE

    Para distinguir “mi” de “Su” voluntad, mucho pueden ayudarle los Ejercicios Esp. de San Ignacio (www.ejerciciosive.org). También en ellos podrá tener una experiencia más profunda del amor de Dios, cosa necesaria para “ver” que siempre quiere lo mejor para nosotros (lo contrario es, sencillamente, imposible). Y sí, que nos dé la Gracia!!

  9. Uf… Cada día me siento más insignificante…, gracias por escribir esto.

    Un abrazo,

    Francisco Baeza

  10. P. Gustavo Lombardo, IVE

    A Dios gracias! “el que se humilla será ensalzado” Mt 23,12

  11. ya tenemos la teoria,… ahora manos en la masa.
    Dios ayudanos

  12. Cuanto más nuestra alma se despegue de las cosas , más cerca estará del señor . Que difícil morir cada día a nuestros deseos , pero no imposible . Que la Santísima Virgen me acompañe y me guíe . Bendiciones Padre

  13. P. Gustavo Lombardo, IVE

    Eso!! “‘Quiero’ es la palabra más rara del mundo, aunque la más usada. El que llega a encontrar el terrible secreto del querer, aunque hoy sea pobre y el último, pronto aventajará a los demás. Lacordaire Rezamos!!

  14. P. Gustavo Lombardo, IVE

    Como dice la poesía “morir cada día un poco, es el modo de vivir”. También la encomiendo!

  15. Gracias Padre por darle sentido a mis misas

  16. P. Gustavo Lombardo, IVE

    A Dios gracias! “El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote” San Francisco de Asís

  17. maribel camargo

    padre gracias por permitirme ver cuan pequeña soy .

  18. P. Gustavo Lombardo, IVE

    De nada! “cuán pequeña” y “cuán grande” ya que “porque cuando estoy débil
    entonces es cuando soy fuerte” como dice San Pablo.

  19. gracias Padre es perfecto para seguir entenendiendo la necesidad de la eucaristia que es presencia viva de Dios Padre

  20. P. Gustavo Lombardo, IVE

    Así es! Le Eucaristía es Cristo mismo y en Él “reside corporalmente toda la Plenitud de la Divinidad” Col 2,9

  21. Yo tengo una curiosidad sobre la liturgia de la misa, que a la vez me da mucha vida interior. EL sacerdote al consagrar dice “este es mi cuerpo…. “”este es el cáliz de mi sangre…”. no nombra la patena pero si el caliz. En ese caliz veo a la humanidad a la que DIos consagra con El en la cruz. Al consagrar el caliz nos consagra a nosotros en su sangre, nos hace sagrados en su dolor. ¿ no os parece que tenga mucha vida?.Jesús nos enaltece y a la vez con su sangre se llena nuestro caliz El caliz me gusta como simbolo de lo que debemos ser. acogiendo el dolor de cristo y por el, el de la humanidad. En la humildad del que solo acoge, y sostiene.

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