¿Entregó Dios Padre a su Hijo a la Pasión?

Luego de ver la película de la Pasión del Mel Gibson, una persona muy cercana me escribió un mail haciéndome una pregunta que me parece puede ser hecha por cualquier cristiano que se enfrente de verdad, con seriedad y devoción, a la Pasión de Nuestro Señor.

La pregunta fue esta: ¿Cómo se hace para entender que Dios [Padre] permitiera semejante sufrimiento a su Hijo?

CristoSin duda que la persona que escribe ha quedado muy impresionada con la película. De hecho, desde que salió al aire, hace varios años, no se había animado a verla porque la consideraba demasiado fuerte, dura, impresionante.

Y, realmente no es para menos, ya que Mel Gibson pinta con vivísimos colores lo que sufrió Nuestro Señor. Es una gran obra la que ha hecho y, a mi modo de ver, en su género es insuperable. De todos modos Mel Gibson no puede más que mostrar lo que es capaz de percibir el ojo humano… Por eso, antes de responder esta pregunta hay que aclarar que los dolores más intensos que tuvo Nuestro Señor fueron interiores, del alma; dolores que no se ven y que, aunque los consideremos con nuestra inteligencia, no podemos llegar a captarlos en su totalidad porque rayan el misterio.

Mi alma está triste hasta la muerte (Mc 14,34), dijo Nuestro Señor, es decir, “la tristeza que tengo, por sí misma, sería capaz de darme la muerte”; pero Él no lo permitió porque quería llegar hasta el final, hasta la Cruz…

Muchas cosas le hacían sufrir allí: la traición y abandono de los amigos, el odio de sus enemigos, el dolor por saber que para muchos la Cruz iba ser causa de tropiezo porque iban a rechazarla, pisarla; sufría también por lo que le iba a venir al día siguiente; pero sobre todo, el gran sufrimiento, fue el hecho de cargar con nuestros pecados. Asumió todos los pecados como si Él los hubiese hecho… ¡qué misterio! Misterio del amor misericordioso de un Dios que no puede hacer más de lo que ha hecho por nosotros.

A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él (2Cor 5,21).

Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: Maldito todo el que está colgado de un madero (Gal 3,13).

Aclarado esto, pasemos a responder la pregunta.

Santo Tomás en la Suma Teológica[1], buscando la causa eficiente de la muerte del Señor, se pregunta si Dios Padre entregó a Cristo a la Pasión. Y responde que sí; o sea que no sólo lo permitió sino que, de hecho, lo entregó.

Como argumento de autoridad cita el Aquinate a San Pablo quien, en la Carta a los Romanos, escribe: “Dios no perdonó a su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros” (Rm 8,32).

Y aclara que Cristo padeció voluntariamente por obediencia a su Padre, y por esto, por tres motivos se puede decir que su Padre lo entregó a la pasión:

“- Primero, en cuanto que, por su eterna voluntad, dispuso de antemano la pasión de Cristo para liberación del género humano, conforme a lo que se dice en Is 53,6: El Señor cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros.

Segundo, en cuanto que le inspiró la voluntad de padecer por nosotros, infundiéndole la caridad. Por lo que, en el mismo lugar, se añade (v.7): Se ofreció porque quiso.

Tercero, no protegiéndolo de la pasión, sino exponiéndole a los perseguidores. Por eso, como se lee en Mt 27,46: Cristo, colgado de la cruz, decía: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?, porque efectivamente lo abandonó en poder de sus perseguidores, como dice Agustín”.

Finalmente se pregunta si acaso no es cruel entregar a su Hijo inocente a la pasión, cosa que no podría decirse de Dios, que es justo y fiel.

Responde: “Es impío y cruel entregar un hombre inocente a la pasión y a la muerte contra su voluntad. Pero Dios Padre no entregó a Cristo de ese modo, sino inspirándole la voluntad de padecer por nosotros. En lo cual se manifiesta [por un lado] no sólo la severidad[2] de Dios, que no quiso perdonar el pecado sin castigo, como lo da a conocer el Apóstol cuando dice: No perdonó a su propio Hijo (Rom 8,32)…”

¡Es tremendo caer en manos de Dios vivo! (Heb 10,31).

Pero no debe obnubilarnos esta severidad de Dios, sino que tenemos que atemperar esta idea teniendo presente su bondad, su infinita misericordia.

Sigue santo Tomás:

“[se manifiesta no solo su severidad]… sino también su bondad, porque, no pudiendo el hombre satisfacer suficientemente mediante cualquier pena que sufriese, le dio uno que satisficiese (por él), como lo indicó el Apóstol al decir: Le entregó por todos nosotros (Rom 8,32)”.

¿Queréis comprender cuán grande fue el amor de Dios por el hombre al condenar a su Hijo a muerte de Cruz?

Sedulio[3] cuenta un caso admirable: Un famoso tirador de Tesalia fue a cazar, dejó un hijo pequeño al pie de un árbol y se metió entre las piedras. Cuando regresó vio que una serpiente se había enroscado al cuerpo del niño. ¡Qué apuro el del padre! Si tiraba contra la serpiente, se arriesgaba a matar al niño; si no tiraba, el hijo moriría.

Al fin se decidió. Puso una saeta en el arco y pulsó la cuerda con tal acierto, que matando la serpiente, no tocó al niño. Se admira Sedulio de la felicidad del tiro y da esta explicación: Ars fuit esse patrem! No fue destreza; fue que era padre.

La serpiente del paraíso se enroscó en Adán y asimismo en Cristo: en Adán porque fue autor de la culpa; en Cristo porque tomó sobre sí la culpa de Adán. Quiso el eterno Padre matar la serpiente, y ¿qué hizo? Tiró sobre la serpiente que estaba enroscada en el hombre; mató la serpiente y no tocó al hombre; tiró sobre la serpiente que estaba enroscada en el Hijo: mató la serpiente y pasó de parte a parte al Hijo. Al Hijo le tiró como si no fuera padre; al hombre, con tanto tino como si lo fuera.

¿Y la Virgen? Si bien no dice nada Santo Tomás, podemos decir que Ella también lo entrega a la pasión en cuanto quiere que Él haga en todo la voluntad de su Padre como Ella lo hizo con su fiat. Incluso Mons. Fulton Sheen llega a decir que de algún modo la Santísima Virgen adelantó “su hora” (la muerte del Señor), cuando en Caná le pidió que hiciera ese primer milagro, que ya lo mostraba como Dios-Hombre y, por tanto, ya lo encaminaba a la Cruz.

Que Ella adelante otro milagro, en este caso para nosotros: el de que lo imitemos en Su voluntad de padecer… ya que como dice Santa Teresita “La santidad no consiste en decir bellas cosas, ni siquiera en pensarlas, en sentirlas; sino que consiste en querer sufrir[4].



[1] III, 47, a. 3.

[2] Severo,ra. (Del lat. sevērus). adj. Riguroso, áspero, duro en el trato o castigo. || 2. Exacto y rígido en la observancia de una ley, precepto o regla. ||

Severo es Dios no en cuanto la primer acepción de la palabra (duro en el trato o castigo) sino en la segunda: “exacto y rígido en la observancia de una ley”

[3] Celio Sedulio (Coelius Sedulius): cristiano, sacerdote y poeta latino de principios del siglo V. Se cree que nació en Italia.

[4] Carta a Celina, 26 abril 1889.

 

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Más textos sobre el tema:

– Dos textos muy profundos sobre los dolores morales de Cristo, uno de San Alberto Hurtado y el otro de Mons. Fulton Sheen (Descargar AQUÍ)

– “Carta circular a los amigos de la Cruz”, de San Luis María Grigniont de Montfort (Descargar AQUÍ)

Ver todas las lecturas recomendadas, AQUÍ.

 

6 comentarios:

  1. Que la Virgen nos conceda esa gracia

    lindísimo
    muchísimas gracias

  2. Claudia Susana D'ALBUQUERQUE

    Querido Padre, qué esclarecedor ha sido este artículo. Yo también vi la pelicula dos veces, pero realmente me costaba, al igual que su conocido, entender con profundidad semejante acto de amor. Gracias!!!

  3. Sylvia del Cid

    Gracias Padre por este bello análisis. Hace algún tiempo un familiar me dijo que el jamás podría amar a Dios cuando el había entregado a su hijo a semejante sufrimiento. En ese momento no supe que responder pero luego entendí que Dios no solo envió a su Hijo a morir por nosotros sino que murió El mismo en la cruz ya que por el misterio de la Santísima Trinidad, son 3 más son 1 solo. En fin, como usted bien menciona, esto es un misterio y creo que apenas nos asomamos a los motivos de Dios. Bendiciones y felices pascuas de resurrección!

  4. P. Gustavo Lombardo, IVE

    Buena reflexión, Sylvia! Felices Pascuas! (su saludo me recuerda/apura, pues ya tendríamos que decir algo sobre la Pascua; gracias!)

  5. Brisa gonzalez

    Gracias padre por esta explicación tan completa, sobre algo que siempre causa inquietud.

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