“¡Oh, qué buen Dios que tenemos!”

«El Hijo de Dios sufrió hasta la muerte, no para que el hombre no sufriese, sino para que sus sufrimientos sean como los suyos»[1]. Jesús, entonces, sufre para enseñarnos a sufrir, porque del sufrimiento es imposible librarnos totalmente en esta vida. Y dentro de sus enseñanzas está el hecho de mostrarnos que a la Cruz, al sufrimiento, no hay que esquivarle. San Lucas en un versículo de su Evangelio nos muestra la firme decisión del Señor de subir al Calvario: “Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén” (Lc 9,51). Después …

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