Señor… no pides mucho

Sería faltar a la verdad, pensar Señor, que es mucho lo que nos pides. No cabe tal idea cuando vemos que cada partícula de nuestro ser viene de ti y que, amorosamente, nos has creado y mantienes en la existencia. Parecería que no te damos más que lo que te pertenece. No podemos mantener tal afirmación, cuando por estas naderías que reclamas, nos ofreces en recompensa un Cielo donde, lo incalculable de la alegría, lo mide tu eterna e infinita beatitud. Qué mal negocio haríamos en perder lo sempiterno por bagatelas. Menos parece sostenible tal sentencia, cuando, para salvarnos del …

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